En los procedimientos ortopédicos, la función que recupera el paciente depende tanto de la preparación previa y de la rehabilitación posterior como de la propia intervención. En una prótesis de rodilla o cadera, en cirugía de hombro o de columna, el criterio de éxito no es la mejoría en la imagen, sino que el paciente pueda subir escaleras, dormir sin dolor y volver a su actividad diaria.
El expediente debe ser medible. Con qué movimiento aparece el dolor y con qué intensidad; el rango de movilidad articular en grados; la distancia de marcha; si utiliza bastón o andador; y cómo ha cambiado la función en los últimos seis meses son tan determinantes como la imagen. De la radiografía, la resonancia o la TC conviene enviar también las imágenes en bruto.
Dónde se realizará la rehabilitación es el detalle más crítico de la decisión de viajar. Muchos procedimientos requieren semanas de rehabilitación intensiva. Si una parte se completará en Cuba, la estancia debe reflejarlo; si el resto continuará en su país, el centro y el programa deben definirse antes de viajar. Una rehabilitación interrumpida puede echar a perder incluso una buena cirugía.
Las enfermedades asociadas influyen directamente en el resultado. Diabetes, obesidad, tabaquismo, osteoporosis y anticoagulación afectan a la cicatrización, al riesgo de infección y a la consolidación ósea, y deben figurar de forma explícita para poder hablar del riesgo con realismo.