El presupuesto de un viaje médico tiene tres capas. La primera es el tratamiento: consultas, pruebas, procedimiento o medicamento, ingreso. La segunda, viaje y alojamiento: vuelos, traslados, alojamiento del paciente y del acompañante, gastos diarios. La tercera es la más olvidada: traducción, posibles pruebas adicionales, prolongación de la estancia, controles al regreso y gastos derivados de una complicación.
Un presupuesto transparente muestra esas tres capas por separado y partida por partida. "Todo incluido" no es una garantía en sí mismo; solo lo es si se detalla qué incluye. Debe indicar en líneas separadas qué consultas y cuántos controles se cubren, qué pruebas se incluyen, a quién corresponde el coste de los medicamentos y cuántas noches de alojamiento y con qué categoría.
También deben constar por escrito las condiciones que pueden modificar el precio. Si se requieren pruebas adicionales, si se prolonga el ingreso o si el plan cambia tras la revisión, debe fijarse desde el inicio cómo se actualizará el importe. La moneda, la vigencia, el calendario de pagos y las condiciones de cancelación y reembolso forman parte del presupuesto.
La seguridad del pago es un asunto aparte. El pago debe realizarse a una cuenta corporativa, con factura o contrato. Los pagos a cuentas personales, a través de terceros o sin documentación implican riesgo legal y económico. Qué cubre el anticipo y qué ocurre si el tratamiento no se realiza debe quedar por escrito.